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«No pongas mi nombre. Me pueden detener por lo que te he contado»

María Cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

MARCOS MÍGUEZ

El miedo a la represión y a la violencia se extiende por todo el país: la gente «mata por un par de zapatos»

18 may 2016 . Actualizado a las 10:15 h.

El miedo que sobrevuela sobre los miembros de la colonia gallega en Venezuela cruza el Atlántico y se extiende entre los venezolanos que viven en Galicia. El lunes, primer día del estado de excepción decretado por Nicolás Maduro, pocas cosas habían cambiado en las calles con respecto a las jornadas anteriores. «Honestamente, no he notado cambio, otra cosa es lo que pueda ocurrir mañana, porque la oposición ha llamado a salir a la calle para protestar», cuenta Geni a través del teléfono. No ha cambiado nada porque resulta complicado que las cosas empeoren para ella.

Geni nació en Caracas, pero es hija de gallegos de A Coruña. No lo está pasando bien, pero lo cuenta con la voz pausada de alguien que se ha acostumbrado a vivir algo que nunca pensó que llegara a suceder: «Tengo un chico y una chica. Tienen zika y la medicación nos la están enviando nuestros familiares desde España porque aquí no la hay. Mi suegra tiene ahora 75 años, no tiene pastillas. Para intentar acceder a los medicamentos hay que dormir en la calle, y eso no garantiza que las puedas tener. Mueren bebés por no tenerlos», dice. Y es rotunda al comentar que «hay que vivirlo para saber qué estamos pasando».

Al problema de la escasez de medicamentos se suma la inseguridad y la hiperinflación provocada por la brutal dictadura de los bachaqueros, personas que llegan de repente a la cola del supermercado para colarse a golpe de amenaza y pistola. Acaparan las existencias para luego comerciar con ellas a precios veinte veces superiores a los de la tienda normal.

Carne a 6.000 bolívares

«He visto cómo los bachaqueros llegan a las colas con un arma y colocan a treinta o cuarenta personas delante para hacerse con los alimentos. La policía no dice nada, parece que no pueden con ellos. La cosa está bastante fea. Un día, cuando ya estaba a punto de pagar en la caja, tuve que marchar porque empezaba todo el jaleo». La testigo es Rosa, una hija de gallegos de Ourense y A Coruña que tiene miedo de dar su nombre verdadero: «No pongas mi nombre. Me pueden detener por lo que te he contado».

Lo que ha relatado es únicamente que el sueldo medio en Venezuela, al cambio, son unos 30 euros al mes (cada euro son 11,31 bolívares), que un litro de leche en la tienda cuesta 18 bolívares, pero son pocos los privilegiados que la pueden obtener a ese precio. Queda comprarlo al especulador por 500 y pico. O que la carne de vaca ha pasado de 2.000 bolívares el kilo a 6.000 en una semana. Y por contar eso confiesa que tiene «todo el miedo del mundo. Aquí, por cualquier cosa que digas, más hablar con un medio extranjero, te pueden detener».

Pero los gallegos temen además quedar atrapados en el país. «Los pasajes son en dólares o euros, dicen que a los bebés no les están dando tampoco pasaportes...», cuentan.

En el estado de Lara, en la parte central del país, vive Irene. Es de Ourense, pero lleva 45 años en Venezuela. El pasado febrero estuvo en Galicia y llevó para allá todos los medicamentos que pudo. «Nunca creí que acabaran con un país tan rico de esta manera», dice también con la misma voz acostumbrada que tenía Geni. Cuenta que los que defienden a Maduro están tan convencidos que nadie es capaz de hacerles cambiar de idea.

Dice que vive en la parte más tranquila del país, donde hay menos escasez porque es una zona productora. Aunque es optimista, porque «aquí no hay pánico como en San Felipe o Caracas», sufre la carencia de todo: «Hace un mes que se me acabaron las pastillas para la tensión. Una vecina de Canarias precisaba otras para el azúcar, le di de las mías porque le urgía más. Pero ahora controlo el azúcar tomando zumo de limón por la mañana», recuerda mientras dice que también hay cortes de luz. «Hoy [por el lunes] es de doce de la mañana a cuatro de la tarde. Mañana comenzará a las ocho».

Venezolanos en Galicia

Todo eso que está ocurriendo en su país lo observa con dolor Ana Virginia, una profesora de facultad que vino a Galicia por cuestiones políticas. Tiene un hijo aquí y otro allá: «Lo que está ocurriendo no es más que la consecuencia de un mal gobierno. Esto va a ir a peor. Aquí vivimos con miedo porque la gente mata allí por un par de zapatos».

A Lorenzo le preocupa el referendo
A Lorenzo le preocupa el referendo Antonio Cortes Santos

Pero ¿qué ha llevado a Maduro a convocar ahora el estado de excepción? Para Lorenzo González, responsable de una asociación de venezolanos en Ourense, la razón no es otra más que obstaculizar el referendo revocatorio: «Durante el estado de emergencia no arreglaron tampoco nada».

Anabel Urbáez tras una manifestación en Vigo
Anabel Urbáez tras una manifestación en Vigo

Algo parecido es lo que opina otra venezolana que vive en Ponteareas, Anabel Urbáez, que cree que el estado de excepción puede acabar limitando los derechos de protesta: «Puede limitar los derechos de manifestación. Lo están haciendo para controlar también a todo el empresariado crítico con lo que están haciendo con el país». No quita el ojo de Venezuela.