El hijo del conductor de autobuses

Miguel-Anxo Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

ACTUALIDAD

13 may 2016 . Actualizado a las 11:06 h.

La prensa se ha centrado en su condición de musulmán, pero lo que caracteriza a Sadiq Khan es que no puede ser más londinense ni más británico: hijo de un conductor de uno de esos famosos autobuses rojos de dos pisos, casado con la hija de otro conductor de otro autobús rojo de dos pisos, jugador aficionado de críquet, futbolero? Si acaso, Khan representa la vertiente más integrada de la comunidad británica de origen pakistaní. Hace unos años recibió amenazas de muerte de extremistas islámicos por defender el matrimonio homosexual, sobre su cabeza pende una fatua que le declaró «apóstata» y ha puesto en cuestión el uso del hiyyab (pañuelo de cabeza) por parte de las mujeres musulmanas.

Desgraciadamente, esto no ha impedido que la campaña de su rival conservador, Zac Goldsmith, coquetease con el mensaje del miedo a un alcalde musulmán. En concreto, los conservadores intentaron movilizar a la comunidad hindú, sij y tamil agitando sutilmente los fantasmas de sus conflictos hereditarios con los musulmanes en la India. Una estrategia peligrosa -y un tanto ingenua-, que no ha funcionado y que puede haber contribuido a la clara victoria de Khan -la más amplia en la breve historia de las elecciones locales de Londres-.

Hay quien atribuye el fiasco a Lynton Crosby, un polémico asesor australiano que, al parecer, supervisó la campaña conservadora. Crosby es conocido por su táctica del «silbato de perro»: lanzar insinuaciones que pasan desapercibidas para la mayoría pero que algunos grupos concretos entienden perfectamente. El caso es que la polémica ha venido a agravar la derrota de los conservadores en Londres, que además de perder la capital ven empañada su imagen. Ayer, una figura musulmana del partido, lady Sayeeda Warsi, pedía explicaciones por una estrategia que cree que ha dañado la credibilidad de los tories en cuestiones de integración.

En cuanto al Partido Laborista, el triunfo en la capital es, obviamente, una buena noticia; no solo por el triunfo en sí sino porque el interés que suscita la figura de Khan ha hecho que pasase más desapercibida la debacle, numérica y simbólica, en Escocia. El líder laborista, Jeremy Corbyn, a quienes sus rivales esperaban liquidar tras estas elecciones, ha sobrevivido, en gran parte gracias al éxito en Londres. Pero hay matices: Khan no es de la línea de Corbyn y no ha dejado de distanciarse públicamente de él. La relación entre los dos debe ser incluso peor de lo que se creía porque ayer, sorprendentemente, Corbyn no asistió a la jura del nuevo alcalde de Londres. Su excusa, un poco extraña, es que tenía que estar en la del de Bristol.

Quizás Corbyn tenga en mente un precedente. El hasta ahora alcalde conservador de Londres, Boris Johnson, supo utilizar hábilmente la proyección que le brindaba la ciudad para cuestionar el liderazgo de David Cameron. Sadiq Khan, un político ambicioso, podría repetir la historia dentro del Partido Laborista.