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Erdogan echa a su primer ministro en un golpe de mano presidencialista

Laura Fernández Palomo AMÁN / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

ADEM ALTAN | Efe

Veía en Davutoglu un gran obstáculo para su plan de concentrar todo el poder

13 may 2016 . Actualizado a las 10:45 h.

«No voy a ser candidato en el próximo congreso [del partido], en las actuales circunstancias», anunció ayer el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, dejando en evidencia la crisis de Gobierno que desde hace semanas suena en los mentideros. «Es su decisión», dijo el presidente Recep Tayyip Erdogan. Pero la renuncia deja el camino libre a la consolidación de un régimen presidencialista en Turquía. Davutoglu dejará de liderar el partido islamista conservador Justicia y Desarrollo (AKP) y, por tanto, renuncia a ser jefe del Ejecutivo, lo que demuestra que en el país solo hay un hombre que manda: Erdogan.

«Erdogan no quiere compartir poder y Davutoglu era un político que tomaba sus propias decisiones», valora el joven turco Gorkem, a quien no le ha pillado por sorpresa la renuncia. La mayoría lo esperaba. Sobre todo desde que la semana pasada la dirección del AKP retirara a Davutoglu la competencia de nombrar y cesar a los responsables del partido locales y provinciales. Era el principio de las presiones que finalmente le han llevado a no presentar su candidatura como líder del AKP en el congreso extraordinario que se celebrará el 22 de mayo. El jefe de la oposición, Kemal Kiliçdaroglu, ha denunciado que se trata de «una revolución de palacio», en referencia a la injerencia de Erdogan en los asuntos del Ejecutivo.

Cuando Erdogan fue elegido presidente en agosto del 2014 después de tres mandatos como primer ministro, nombró como su sucesor en el Ejecutivo y en el partido a Davutoglu, entonces titular de Exteriores. En un principio, calificado como «marioneta, el nuevo jefe de Gobierno fue haciéndose con más poder hasta mostrar cierta independencia. Mientras Erdogan ejercía un liderazgo áspero y autoritario, Davutoglu se ha destacado como un político dialogante y flexible. De hecho, la Unión Europa agradeció su mediación para alcanzar el acuerdo para la deportación de refugiados que formalizaron el marzo. Pero a Erdogan no le agradó que fuera él quien protagonizara esas negociaciones, como no le gustó que tomara la iniciativa para reanudar las conversaciones con la rebelión kurda.

El todavía primer ministro asegura que su retirada «no deriva de una decisión [personal], sino que es más bien una necesidad», dejando caer su distanciamiento de la cúpula del partido. Entre sus sucesores están Binali Yildirim, viejo compañero de Erdogan y titular de Transportes, y Berat Albayrak, ministro de Energía y yerno del jefe del Estado.

Bruselas ha comenzado a medir el impacto que la dimisión del primer ministro pueda tener sobre el acuerdo migratorio.