Authorization Required

This server could not verify that you are authorized to access the document requested. Either you supplied the wrong credentials (e.g., bad password), or your browser doesn't understand how to supply the credentials required.

«Quizás mi destino sea volver a Siria y morir allí»

leticia álvarez ATENAS / E. LA VOZ

ACTUALIDAD

Leticia Alvarez

Mohamen Nur llegó a Grecia cuando entró en vigor el acuerdo entre la UE y Turquía y en una semana sabrá si es expulsado o no sin haber podido hablar con un abogado

09 may 2016 . Actualizado a las 19:26 h.

Mohamed Nur llegó en patera a las costas griegas la madrugada que entró en vigor el acuerdo entre la UE y Turquía. Sabía que Europa estaba blindando sus fronteras pero nunca imaginó que podría ser expulsado. Después de pasar 35 días en el centro de Moria, en Lesbos, ha recibido la noticia. Turquía es un país seguro para él, según el escrito al que tuvo acceso este diario y que el joven sirio ha recurrido. En una semana tendrá que personarse ante la Corte de Apelación. Denuncia que ni siquiera ha podido hablar con un abogado.

El sistema de asilo griego no está obligado a proporcionar asistencia jurídica gratuita a los demandantes, así que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas se encarga tan solo de asesorar, en ningún caso facilita un letrado, a los miles de personas encerradas en las islas. Nur aguarda con desánimo la vista y se resigna a pensar que su destino es volver a Alepo. Para él, Turquía no es una opción.

Los solicitantes de asilo atrapados en el Egeo oriental han empezado a recibir las primeras resoluciones. El sistema funciona a duras penas después de su colapso por la avalancha de demandas recibidas el mismo día en que empezaron las expulsiones. Cada solicitud se estudia de forma individual, según reza el acuerdo entre Bruselas y Ankara y que ratifica la Agencia Europea de Apoyo al Asilo (EASO) encargada de preparar los expedientes.

«Las resoluciones son individuales. Para algunos sirios Turquía será seguro y para otros no», asegura el portavoz de la EASO en Lesbos, Jean-Pierre Schembri. «Hay embarazadas y grupos vulnerables que analizamos», explica. Nur es hombre, joven y sin familia en Europa, por lo que queda fuera de la lista. Dejó su ciudad huyendo de la ofensiva de Al Asad. «Alepo es una ratonera, se están comiendo entre ellos», afirma.

Europa ha expulsado hasta ahora a 386 personas, en su mayoría de Pakistán y Bangladés consideradas migrantes económicos. Todos han sido retornos voluntarios según Grecia, aunque Naciones Unidas denunció irregularidades en las primeras deportaciones. Para ACNUR, 13 de los expulsados habían expresado su deseo de pedir asilo pero la policía local «olvidó» tramitar sus peticiones.

Las primeras expulsiones han sido ordenadas pero en las próximas semanas los retornos no serán tan sencillos. Los que partan con destino a Turquía serán refugiados que vienen de países con guerras encarnizadas, Siria e Irak, o estados donde impera el terrorismo como Afganistán: personas que se niegan a volver a Turquía y que, antes del acuerdo de la UE, eran potenciales refugiados en Europa.

Nur se pasa las noches sin dormir, vive en un estado de estrés continuo provocado por el temor a perderlo todo. Si lo expulsan pasará a ser el último en la lista para el reasentamiento a Europa ya que entró ilegalmente en Grecia. «Quizás mi destino sea volver a Siria y morir allí», escribe desde Moria. «Yo soñaba con venir a Europa y rehacer mi vida, tener un trabajo, casarme y tener hijos», explica al otro lado del teléfono.

Los expertos insisten en las incoherencias que presenta el acuerdo entre la UE y Turquía. Las órdenes de deportación filtradas hasta ahora se basan en que el país otomano es seguro para los demandantes de asilo, de forma que pueden seguir allí con sus vidas . Pero hay serias dudas. Turquía mantiene la cláusula de excepcionalidad territorial. Su compromiso con el respeto a los derechos de los solicitantes de asilo se ciñe solo a los europeos. Es cierto que en general, y según ACNUR, atienden a todas las nacionalidades, pero hay margen para la inseguridad jurídica. Esto debería impedir que Grecia expulsara a alguien sin todas las garantías», explica Gemma Pinyol investigadora del GRITIM-UPF.

A Nur le queda una semana para saber si será expulsado. Busca a la desesperada un letrado que lo represente en su cita ante el juez, pero no tiene dinero y los asesores de las organizaciones internacionales no responden. Chatzichalkias, abogado con base en Mitilini, ha visitado a varios clientes en el centro de Moria. «La principal queja que transmiten es que preguntan a la policía para pedir asilo y no los reciben. Cuando hablé con los oficiales me confesaron que ignoraban los procedimientos y que ellos solo estaban para controlar a los prisioneros». Denuncia también trabas para visitar a sus clientes, una pareja kurda y un periodista afgano.

«Orden de expulsión, esto es lo que estamos recibiendo. Podemos recurrir sí, pero ahí pone expulsión en griego», explica Nur. El miedo a que los jueces rechacen sus recursos está espoleando los ánimos en Moria. Durante las últimas protestas un grupo se enfrentó a la policía construyendo barricadas. Para solucionar el hacinamiento las autoridades dan permisos a los detenidos para que salgan y tengan libertad de movimiento durante el día.