Una joven estudiante de Checoslovaquia logró permiso en 1987 para viajar a Europa occidental. Llegó a Galicia y se quedó como profesora de checo en el conocido Instituto de Idiomas de la USC, desafiando a su propio Gobierno, que la expulsó luego de la universidad. Treinta años después, y tras casi diez como directora del Centro de Linguas Modernas, la República Checa premia su trayectoria