La ochentera por excelencia confiesa que le merece la pena ponerse a dieta una temporada para luego permitirse algunos caprichos, por ejemplo, un atracón de patatas fritas, «lo que más me gusta del mundo»
Confusión entre los representantes de 35 familias que esperaban la llegada del tren en la estación de A Coruña con sus allegados, mientras equipos de psicólogos atendían a más de una treintena de parientes de viajeros