Paralelamente a su empleo, también lideró la lucha antifranquista en la clandestinidad y usaba un cobijo en su edificio como lugar de trabajo: «Se nos chegan a pillar, estaríamos mortos»
Andrés Abad cogió las maletas y a su madre, de 98 años, para montar un paraíso repleto de gamos, faisanes, patos, cabras, ovejas, gallinas, mastines y pavo reales