La Xunta asegura que tras solo dos meses de funcionamiento han salido a la luz «vicios ocultos graves» imposibles de detectar en una revisión ordinaria previa
Entre agosto y septiembre de 1982 Galicia bramó contra una práctica que ponía en peligro la salud de sus aguas. Las protestas se sucedieron con encierros en varios concellos arousanos, entre ellos Vilagarcía