Mi primer cochinillo al horno: duro como el mármol, negro como un tizón. Un adefesio indigerible. Bronca familiar, claro. Menos el chucho, que se puso las botas. Les cuento cómo enmendé el error al segundo intento: vayan reservando en el quiosco el termómetro de alimentos que ofrece La Voz, junto con dos biberones para decorar.